SOBRE VILLENA

La ciudad de Villena, con una población cercana a los 34.500 habitantes, es capital de la comarca del Alto Vinalopó y se localiza al noroeste de la provincia de Alicante, en un singular cruce de caminos entre las comunidades valenciana, manchega y murciana. Este hecho ha condicionado muchos aspectos de la población local, como el habla, la gastronomía o la economía.

Villena, por su situación interior, tiene un clima continental de inviernos muy fríos y veranos calurosos. Se encuentra en un altiplano que combina características paisajísticas meseteñas y mediterráneas, con el río Vinalopó como eje vertebrador de la zona. Entre las abundantes montañas, destaca la Sierra de Salinas, al sur, con una altura máxima de 1.123 m en el Pico de la Capilla.

Los vestigios humanos más antiguos se remontan al Paleolítico Medio, 50.000 años de antigüedad aproximadamente, hallados en la Cueva del Cochino en la Sierra del Morrón. Si bien, para la prehistoria villenense, destaca sobremanera el período de la Edad del Bronce, encabezada por el célebre yacimiento de Cabezo Redondo, modelo urbano y social de sus tiempos, al que seguramente pertenezca el conjunto arqueológico de mayor valor local: el Tesoro de Villena.

En cuanto al origen de la actual ciudad, hay que situarlo ya en época de dominio musulmán. Momento en que se erigen los castillos de la Atalaya y Salvatierra. La ciudad fue conquistada por las tropas del Rey Jaime I en 1240, pasando inicialmente a dominio aragonés y finalmente recalando en Castilla. La villa fue ganando en títulos concedidos a Villena y sus ciudadanos, destacando a familias castellanas que rigieron la villa como los Manuel, en los siglos XIII y XIV, o los Pacheco, ya en el siglo XV.

La etapa moderna llega en 1488 cuando la ciudad pasó a ser villa de Realengo en época de los Reyes Católicos. Finalmente, Carlos I le otorga el título de “ciudad” en 1525.

Durante este largo período también cabría destacar el crucial papel jugado por nuestra ciudad durante la Guerra de Sucesión, a principios del siglo XVIII, como baluarte de la causa borbónica, así como las duras consecuencias que tuvo que afrontar durante la Guerra de la Independencia frente a los franceses.

La llegada del ferrocarril, a mediados del siglo XIX, contribuyó a transformar la historia y economía local. Así la tradicional economía fundamentalmente agrícola dio paso, a finales del siglo XIX, a la producción y comercialización del vino y, a una potente industria a partir de principios-mediados del siglo XX, con el desarrollo del sector calzado, que mantiene su peso hasta nuestros días.